martes, 24 de junio de 2014

Impulsando nuestras inteligencias: Los Programas de Estimulación Temprana

¿Nuevo martes nuevo centro de interés? Esta vez no va a ser así y os voy a explicar el porqué. La semana pasada cuando publiqué mi última entrada “Impulsando nuestras inteligencias: La estimulación temprana” tuve la sensación de no haber cumplido del todo mi propósito. Sinceramente, sabía que con una primera y única publicación era difícil profundizar en el tema, y más si antes era necesario delimitarlo conceptualmente. Así que, a estas alturas ya considero que estamos lo suficientemente preparados como para descubrir más acerca de los Programas de Estimulación temprana. ¡No perdamos tiempo y vayamos a ello!

Como ya comenté la semana pasada los Programas de Estimulación Temprana (PET) se componen y se organizan en diferentes fases. Así pues para obtener un adecuado programa previamente daríamos inicio a la fase de diagnostico a responsabilidad de profesionales. En esta fase un equipo multidisciplinar se encargará del diagnostico de las necesidades del niño en función de la etapa de su desarrollo, junto con el análisis de las diferentes aéreas (lenguaje, cognitiva, motora, y social/emocional) con el fin de detectar el área o aéreas menos desarrolladas. Además en esta fase también es importante que los profesionales pongan atención a las necesidades del contexto familiar ya que será aquí donde tendrá lugar en gran parte la aplicación del programa. La siguiente y segunda fase de diseño consiste en la elaboración y planificación por parte de los profesionales de la intervención. Es decir, a partir de toda la información recogida en la fase de diagnostico el equipo está lo suficiente preparado para diseñar el Programa de Estimulación, el cual está compuesto por diferentes sesiones cada una de ellas con sus correspondientes actividades y materiales. Así pues, en este momento es cuando se decide los objetivos, la durada e intensidad, los ritmos, el lugar de aplicación, entre otras cosas.

Las dos anteriores fases configurarían las fases previas al programa, y una vez llevadas a cabo podríamos dar paso a la fase de comunicación. Concretamente, en esta tercera fase los diferentes profesionales han de reunirse con la familia para transmitirle por un lado toda la información recogida y diseñada, y por otro lado ha de hacerla participe del programa. Por consiguiente, en esta reunión se crearan los diferentes compromisos de actuación buscando la corresponsabilidad para el éxito del programa. Esta tercera fase ha de dar continuidad a la fase de aplicación del programa, que como ya podemos imaginar tiene una gran relevancia ya que si las anteriores fases se han llevado con éxito las posibilidades de una correcta cuarta fase se incrementan. Hemos de saber que esta cuarta fase puede tener lugar únicamente en centros especializados cuando nos encontramos ante casos de necesidad terapéutica ya que son niños con altas deficiencias. No obstante, si únicamente se pretende proporcionar oportunidades de estimulación para facilitar el futuro aprendizaje el contexto de desarrollado acostumbra a ser el familiar, o depende del diagnostico se combinara sesiones terapéuticas en centros con preventivas en familia. De todos modos, durante esta fase de aplicación los encargados de ella han de seguir las pautas del programa intentando ofrecer al niño seguridad y confianza en la realización de las actividades a la vez que lo estimulan durante el trascurso de éstas. También es fundamental presentar las actividades de manera motivadora siempre en función de la edad del niño. Además no se puede obviar que durante esta fase es conveniente que los profesionales junto con la familia realicen reuniones de seguimiento, compartan preocupaciones y/o logros para así avanzar con éxito al objetivo final del programa. Para acabar, nos encontraríamos con la quinta y última fase de desenlace fundamentada en la observación final de los resultados obtenidos (logros y fracasos), la corroboración con los objetivos iniciales, y en caso que así se considerará el replanteamiento de nuevos objetivos en función de los no conseguidos.

Desde la creación de mi blog una de las ideas que siempre he querido transmitir es que la educación no es una tarea única del sistema educativo, ya que es una responsabilidad compartida entre diferentes agentes, adquiriendo un rol clave el sistema familiar. Recalco esta idea porque en los Programas de Estimulación Temprana la participación de la familia será un requisito para el éxito de éste. Concretamente, como hemos podido comprobar la participación de la familia se centra principalmente en la etapa de la aplicación del programa, ya que es en el ambiente familiar donde el niño está más relajado y posee más oportunidades para la estimulación.

A modo de conclusión final me gustaría poner de manifiesto y aclarar la siguiente idea. Durante estos dos artículos he estado escribiendo acerca de los Programas de Estimulación Temprana, pero en ningún momento he especificado la franja de edad que éstos engloban. La razón es porque creo que no debería de existir una edad límite para el desarrollo de nuestro potencial intelectual ya que como he dejado ver las actividades se han de adaptar a las particularidades de esa persona. No obstante, sí que es cierto que estos programas tienden a ir destinados a niños de 0-6 años ya que es el periodo más importante para el desarrollo de sus inteligencias debido a la gran plasticidad existente, conllevando una mayor asimilación de experiencias y sensaciones enriquecedoras.


¡Feliz semana!


Saida 

martes, 17 de junio de 2014

Impulsando nuestras inteligencias: La estimulación temprana

Otro martes más presento nuevo centro de interés, esta vez la estimulación temprana ocupará nuestro espacio y momento de reflexión. La razón por la que decidí escoger esta temática fue porque considero que existe una cierta incomprensión o tal vez una confusión en torno al propio concepto, comportando pues, conclusiones poco acertadas.  

La primera pregunta que lanzaría para abrir esta publicación seria “¿Qué entendemos por estimulación temprana?”, o lo que es lo mismo, “¿A qué nos referimos cuando hablamos de programas de estimulación temprana?”.  Antes de continuar leyendo os animo a que intentéis construir una definición de este concepto para que posteriormente comprobéis si vuestra definición se aleja y difiere demasiado de la que propone Glenn Doman como pionero en este campo.

Considero que presentar de primeras una “definición enciclopédica” de estimulación temprana carece de sentido, por lo que prefiero ir aportando diferentes ideas y/o características que nos permitan ir conociendo poco a poco este centro de interés para finalmente poder ser capaces de construir nuestra propia definición y opinión.  Así pues, comencemos diferenciando el término “temprana” del “precoz” ya que aparentemente pueden parecer similares pero al asociarlos con estimulación el significado varia. Por ello, quiero destacar que con la estimulación temprana no se pretende potenciar niños precoces adelantados respecto sus momentos neurológicos, sino que la idea es más bien proporcionar experiencias enriquecedoras siempre de acuerdo a sus etapas de desarrollo. Por lo tanto, con esto lo que se busca es asegurarnos que el niño dispone de experiencias previas que faciliten el posterior aprendizaje.

No obstante, un error muy común tanto de familias como de profesionales es creer que la sobrestimulación producirá niños con altas habilidades intelectuales, y por ello tienen la convicción que con niveles altos de estimulación pueden hacer de los más pequeños superdotados. Desde aquí muestro mi total desacuerdo con este pensamiento, ya que además hemos de saber que el constante sobrestímulo puede llegar a  aturdir y a saturar al pequeño provocando la pérdida de interés hacia la actividad que se esté llevando a cabo.

Pongámonos en el caso que nuestro objetivo es ayudar al crecimiento del cerebro de un niño, ya sea nuestro hijo o ya seamos nosotros sus educadores. Entonces, sin perder nunca que nuestro fin aquí es favorecer el desarrollo de su inteligencia global, ¿Cuáles serian los pasos que hemos de seguir para asegurar el éxito del proceso de estimulación?. Primeramente, no podemos desarrollar un programa de estimulación sin antes tener conocimiento de las etapas de desarrollo para posteriormente saber en cuál de ellas se encuentra nuestro pequeño. Una vez situados en la correspondiente etapa, hemos de analizar también las necesidades y el entorno en todos sus ámbitos (biológico, psico-social, emocional, familiar, escolar, cultural, etc.) ya que hemos de disponer de un programa especifico para ese niño.  Seguidamente, a la hora de diseñar las correspondientes actividades es fundamental que éstas proporcionen experiencias y oportunidades tanto desde la perspectiva cognitiva/intelectual, social/emocional como física. Así pues, nos aseguraremos que mediante el programa de estimulación trabajemos las ya conocidas inteligencias múltiples.


Doy por acabado el artículo de hoy esperando que vuestro abanico de conocimiento acerca de la estimulación temprana se haya incrementado, sin haber pretendido haceros expertos/as en la materia ya que ni yo me considero una de ellas. 



Saida


miércoles, 4 de junio de 2014

La Inteligencia emocional, la clave del éxito profesional y personal

Comienzo nueva entrada esperando que hayáis reflexionado, incluso investigado, acerca del centro de interés del martes pasado. Sinceramente, pienso que todo lo que es susceptible de ser leído también lo es de ser cuestionado. Por esta razón, siempre debe de existir, y por lo tanto generarse, una cierta curiosidad acerca de lo que leemos ya que únicamente así seremos capaces de construir nuestra propia opinión. La razón por la que escribo esto es porque me gustaría que una vez que leáis mis publicaciones no solo os limitéis a leer, sino que posteriormente dediquéis un pequeño momento a reflexionar y cuestionaros lo que os escribo.

Concretamente y haciendo alusión al centro de interés del martes pasado, deseo que os hayáis estado cuestionando consideraciones tales como que disponemos de 8 inteligencias, todas igual de importantes.  De hecho estoy segura que muchos de vosotros habéis puesto en tela de juicio dicha afirmación, o si bien no consideráis que no todas las inteligencias contribuyen del mismo modo a nuestro éxito personal y profesional. Me arriesgaría incluso al pensar que todos aquellos que creéis esto también sobrevaloráis las inteligencias lógico-matemática y lingüística  verbal en detrimento de las demás. Esto no es algo de extrañar ya que esta ha sido la línea de pensamiento que ha predominado en todos los ámbitos sociales, en especial en el sistema educativo. Por esta razón, con el este artículo quiero demostrar que el resto de inteligencias son tan importantes como las ya mencionadas.

En especial me voy a centrar en escribir acerca de dos inteligencias, la intrapersonal y la interpesonal, las cuales dan nombre a la inteligencia emocional. Para entender el rol que juegan estas inteligencias en nuestras vidas primero hemos de conocerlas. La inteligencia intrapersonal podemos definirla como la capacidad de autoconocer nuestras debilidades y fortalezas, lo cual permite la fijación de objetivos realistas, de prioridades personales y de toma de decisiones coherentes, todo esto acompañado por un control y gestión de las propias emociones. Por ello, conseguiremos disponer de bienestar emocional siempre y cuando tengamos desarrollada esta inteligencia. Por otro lado, la inteligencia interpersonal es la capacidad de entender y simpatizar con otras personas, y por ello también de interactuar y entablar empatía con ellas. Así pues, disponer de una alta inteligencia interpersonal te permite conocer las necesidades ajenas y actuar en consecuencia. Ahora que ya conocemos un poco mejor estas dos inteligencias, ¿No creéis que tanto una como otra son fundamentales para tener ya no solo éxito en la esfera profesional sino también personal?. Me atrevería hasta afirmar que son estas dos inteligencias la clave de una correcta adaptación a la sociedad.

Continuemos descubriendo más acerca de la conocida inteligencia emocional, y para ello voy a nombrar al prestigioso psicólogo Daniel Goleman como experto en la materia. Según Goleman, existen estudios que demuestran que para conseguir el éxito en nuestra profesión no únicamente son necesarias las habilidades técnicas específicas, sino que además posee un gran valor la inteligencia emocional. Especialmente, se ha demostrado como en cargos superiores la inteligencia emocional adquiere real importancia ya que permite disponer de habilidades de liderazgo. Por lo tanto, aquellas personas con autoconciencia, con un gran manejo de sus emociones, con motivación para superarse, con alta empatía para reconocer como se sienten las otras personas y con habilidades sociales que favorecen las relaciones tienen muchas más posibilidades de ser exitosas en sus puestos de trabajo.

¿Después de saber esto seguís pensando que la inteligencia emocional no es primordial en nuestras vidas?. Personalmente, considero esta inteligencia como el primer escalón que hay que ascender para adaptarnos, comunicarnos y desenvolvernos en sociedad. Por este motivo, no entiendo que a día de hoy haya profesionales de la educación que infravaloren esta inteligencia y se limiten únicamente a la enseñanza de contenidos académicos para el mero desarrollo racional en el alumnado. Además, creo que el profesorado ha de ser consciente que el alumno no es un ser aislado, y que por consiguiente existen variables que pueden influir en su estado de ánimo. Así pues, si no enseñamos a nuestro alumnado a controlar estas posibles emociones, sobre todo las negativas, nos encontraremos con dificultades ya que éstas pueden acabar interfiriendo en su capacidad para aprender.

Para acabar, vamos a recopilar cuales serian las principales ideas que he ido transmitiendo. En primer lugar, hemos de saber que las emociones afectan a nuestra manera de ver y pensar el mundo ya que influyen en la razón, en la memoria y en el razonamiento lógico. Para seguir, si entendemos esto no podemos obviar las emociones en los procesos de enseñanza- aprendizaje. Y para acabar, necesitamos que el profesorado este formado en la gestión de las emociones para garantizar el correcto desarrollo de la inteligencia emocional.

   


Saida



martes, 27 de mayo de 2014

Atrévete a conocer tus inteligencias

Durante muchos años el alumnado ha sido clasificado por su inteligencia, considerando ésta como global y única. De esta manera, la puntuación obtenida en los famosos test de inteligencia podía determinar el progreso académico del alumno, convirtiéndose éste en “victima” de esta tendencia. Así pues, ocupando la inteligencia nuestro centro de interés indaguemos y descubramos  más acerca de ésta.

Si admitimos la idea de poseer una única inteligencia estaremos aceptando el planteamiento de ser inteligentes en todo o en nada. Es más, llegaremos a consentir que un “experto en la materia” nos diga que no somos inteligentes, y por lo tanto esto nos genere un sentimiento de inutilidad e inferioridad. ¿Realmente creéis que la inteligencia se puede reducir de tal modo? así pues, ¿Estáis dispuestos a aceptar ser considerados personas “no inteligentes”?. Mi respuesta seria un rotundo NO.

Siguiendo con esta línea de pensamiento podríamos hacer alusión a la conocida pregunta “¿Eres de números o de letras?”. Quizás no somos del todo conscientes que al preguntar o simplemente responder dicha pregunta estamos asumiendo y reduciendo nuestra inteligencia a dos únicas áreas, la matemática y la lingüística. Para mí ser inteligente no es esto, es decir, puedes ser más hábil, y por lo tanto sacar mejor puntuación, con los números o por el contrario tu competencia lingüística puede ser superior, pero de nada te servirá si al salir del sistema educativo no puedes o no sabes poner en uso tales habilidades.

Este centro de interés merece que hagamos alusión a Howard Gardner como ilustre psicólogo e investigador de la inteligencia y quien formuló la conocida Teoría de las Inteligencias Múltiples. Según Gardner, la inteligencia no es una cantidad que se pueda medir mediante un indicador (CI), ya que va más allá afirmando que está no es única sino que por el contrario existen diversas, en concreto ocho (lingüístico-verbal, lógica-matemática, espacial, musical, cenestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista). Aquí mi objetivo no es entrar en detalle en explicar cada una de ellas, sino simplemente exponer la idea que estas ocho inteligencias están presentes y se desarrollan por desigual en las personas. Por lo tanto, es la intensidad de estas inteligencias y las formas en las que recurrimos a ellas lo que nos hace más hábiles para solucionar diversos problemas y progresar en distintos ámbitos.

Ahora viene siendo el momento de enfocar este centro de interés al ámbito educativo, y así poder sacar una serie de conclusiones al respecto. Para comenzar, si consideramos la existencia de diferentes inteligencias el primer cometido por parte del profesorado seria el diagnosticar cuáles de estas inteligencias sobresalen en cada alumno. Este primer punto es fundamental si queremos acentuarlas hasta convertirlas en fortalezas. Del mismo modo, los profesionales de la educación no pueden olvidarse de aquellas inteligencias que están menos desarrolladas por el alumno. De esta manera, uno de los principales propósitos educativos es el trabajar todas las inteligencias poniendo especial atención a éstas últimas.

Una vez más estamos reconociendo que ningún alumno es igual que otro ya que entre ellos se hallan diferencias en sus inteligencias. Por esta razón, se han de considerar de forma equitativa todas las inteligencias en el proceso de enseñanza-aprendizaje promoviendo actividades que activen cada una de ellas. De esta manera, una misma materia se podría presentar de formas muy diversas, permitiendo al alumno asimilarla partiendo de sus capacidades y aprovechando sus fortalezas con el fin último de proporcionar las mismas oportunidades a todo el alumnado.

No quisiera acabar sin hacer una pequeña mención a los agrupamientos heterogéneos inclusivos como perfecta metodología para trabajar las inteligencias múltiples. En el artículo pasado ya escribí acerca de ellos y una vez más remarco su potencial dentro de este centro de interés. De este modo, agrupando a alumnos con diferente distribución en sus inteligencias, es decir, por ejemplo formando un grupo con alumnos con alta inteligencia matemática y baja lingüística, y alumnos con baja inteligencia matemática y alta lingüística estaremos aumentando las posibilidades de fortalecer tanto las aéreas intelectuales menos desarrolladas como las que más. 



¡Hasta el próximo martes y no dudéis en seguir reflexionando sobre la inteligencia!


Saida

martes, 13 de mayo de 2014

La diversidad como valor

La atención a la diversidad en las aulas ocupa hoy nuestro centro de interés ya que continúa manteniéndose en la cima de los retos de la vida profesional del colectivo docente. A pesar de la multiplicidad de debates que este término ha generado en los últimos años, pocas son las prácticas que han logrado mejorar la realidad en nuestras aulas.

Antes de comenzar a escribir acerca de qué entendemos por diversidad en las aulas, me veo en el deber de insistir en el correcto enfoque de este término. Es más, pienso que quizás es el hecho de no saber orientar la diversidad lo que ha comportado errores en su incomprensión. Por este motivo, pongo énfasis en enfocar la diversidad no únicamente como un reto profesional sino también como una oportunidad que nos enriquece. Sin embargo, en muchas ocasiones el considerar la diversidad como un reto ha conllevado a ser catalogada como un problema, y es aquí dónde creo que radica el problema. A continuación, intentaremos conocer qué entendemos por diversidad y comprobaremos que depende el enfoque que adoptemos el resultado puede ser totalmente diferente.

Desde aquí animo a acercarnos a observar al alumnado de nuestras escuelas,  si no se puede dentro de ellas, en las entradas y salidas, basta con esto para conocer de primera mano la diversidad. De esta manera, entendemos por diversidad las diferencias individuales que existen entre alumnos ya sean de origen físico, social, económico, cultural, psicológico, entre otras. Por lo tanto, son estas diferencias las que conllevan a una diversidad de estilos de aprendizaje, de ritmos, de intereses, de necesidades, etc. Así pues, podemos acabar afirmando que la diversidad es inherente a la realidad educativa ya que lo es en el ser humano.

Una vez conocemos la situación en las aulas se nos plantea el reto de cómo tratar esta diversidad en el alumnado. Llegados aquí he de decir que hay dos maneras muy diferenciadas de enfocar esta misma realidad comportando resultados completamente divergentes. Por un lado, existe la tendencia a agrupar al alumnado por nivel o ritmos de aprendizaje, separando a los “etiquetados” más capaces de los menos. El resultado de este sistema produce efectos perversos como serian la baja motivación del alumnado considerado menos capaz. Personalmente, pienso que tanto este agrupamiento como formar grupos homogéneos no conduce a mejores resultados educativos ya que llevan la diversidad a la desigualdad.  Por otro lado, hay escuelas que optan por la formación de agrupamientos heterogéneos inclusivos, es decir, formar grupos con diversidad de alumnado ya sea de intereses, de necesidades, de ritmos, etc. Concretamente, lo que se espera de este agrupamiento es que entre todos se ayuden siguiendo una metodología cooperativa. De esta manera, también estaremos fomentando el aprendizaje dialógico y proporcionando oportunidades al colectivo de alumnos más vulnerable.

Acabando con el artículo de hoy, me gustaría incidir en la importancia de reconocer la diversidad como un valor, y por tanto en adoptar un adecuado tratamiento de esta diversidad ya que únicamente así conseguiremos mejorar los resultados de todo el alumnado. 


Saida

martes, 6 de mayo de 2014

La cultura digital en el ámbito de la educación

Hace ya un tiempo que me rondaba por la cabeza escoger el centro de interés de este martes, pero hasta el día de hoy no me he animado. Supongo que a estas alturas ya todos estamos más que familiarizados con las conocidas nuevas tecnologías, o si bien no hemos oído hablar de ellas. De este modo no pretendo ni mucho menos escribir acerca de cómo esta tecnología está dominando la sociedad, pero sí quiero hacerlo de cómo ésta afecta al sistema educativo.

La realidad es evidente, si las nuevas tecnologías se abren hueco a nivel social el sistema educativo no puede quedar al margen, ya que como he ido repitiendo en varias publicaciones está inmerso dentro de él. De esta manera, vamos a conocer cómo se gestionan las nuevas tecnologías en el ámbito pedagógico.

Para comenzar, es necesario aclarar lo que representan estas tecnologías (TIC) en la educación.  A mi modo de ver, estas tecnologías son recursos, medios que facilitan el alcanzar el objetivo de aprendizaje, nunca éstas deben dominar ni representar el factor central del proceso de enseñanza. De esta manera, haciendo uso de las TIC conseguiremos que el contenido sea más motivador para el alumnado, y a su vez ayudaran al profesorado a producir conocimiento sobre el contenido curricular. El resultado pues, será un empoderamiento tecnológico por parte de directivos y docentes a la hora de introducir las TIC en los procesos de aprendizaje, con el objetivo de conseguir una mejora en la calidad educativa.

A pesar del reconocimiento a nivel educativo del atractivo y del valor de estos recursos tecnológicos, parece ser que en la realidad los resultados no son del todo satisfactorios. Por eso la comunidad educativa habría de plantearse en qué estamos fallando o por lo menos qué podemos mejorar. Personalmente, considero que a pesar de los esfuerzos para implantar las TIC en las aulas se obvian las necesidades del profesorado al aplicarlas, y éste es para mí el aspecto que reclama atención en esta materia. A continuación, pretendo explicar los principales ejes de actuación para gestionar de manera efectiva las TIC.

Tal y como he expuesto anteriormente el reto actual es conocer las carencias/necesidades del profesorado para a su vez formar en ellas. En primer lugar, el equipo docente precisa del conocimiento de las diferentes tecnologías para comprender el uso de cada una de éstas. Además, éstos han de dominar el conocimiento pedagógico para llevar a cabo procesos de aprendizaje exitosos. Y por último, el profesorado ha de disponer del conocimiento del contenido/materia que va a desarrollar como experto de ésta. Hasta aquí hemos podido conocer los tres grandes conocimientos, sin embargo no es el dominio de cada uno de ellos lo verdaderamente importante sino el resultado que se forma de la intersección de estos tres. De esta manera, si el equipo docente quiere aplicar las TIC como recurso ha de poseer del conocimiento pedagógico tecnológico. Concretamente, entendemos por este último conocimiento la capacidad de enseñar los contenidos curriculares aplicando para cada momento y situación las tecnologías más adecuadas.


En conclusión, con el artículo de hoy pretendo transmitir dos ideas-resumen. La primera se centra en la importancia de crear consciencia en el profesorado del hecho de aplicar las nuevas tecnologías en su área curricular. Así pues, es necesario que el profesorado conozca tanto las posibilidades y ventajas como las debilidades e inconvenientes de cada recurso tecnológico. La segunda idea hace referencia al desarrollo por parte del profesorado del conocimiento pedagógico tecnológico. De esta manera, cada docente ha de planificar y diseñar sus sesiones seleccionando el objetivo de aprendizaje, el contenido, las actividades y por último la tecnología en función de los elementos anteriores. 




Saida


martes, 29 de abril de 2014

Compartamos la responsabilidad educativa (2)

Dando continuidad al centro de interés del martes pasado, creo preciso que para comenzar con el artículo de hoy conviene recordar la principal idea que extrajimos de éste: La educación es una responsabilidad que compete a toda la sociedad. Esta afirmación nos llevó a entender que la escuela no puede ser considerada el único agente educativo, sino que actualmente se necesita de todo un entorno educador.

Ahora bien, ¿qué entendemos por entorno educador? Toda una realidad que es transmisora de conocimientos y valores, que nos proporciona múltiples posibilidades de aprender. Para entender mejor el concepto hemos de imaginarnos que todo lo que nos rodea a nuestro alrededor se forma a partir de intercambios de informaciones susceptibles de ser aprendidas. Así pues, si realmente queremos valorar el entorno educador es voluntad propia aprovechar este potencial educativo.

Actualmente, del escenario anteriormente explicado surgió el término ciudad educadora ya que de la inmensidad de flujos de información del entorno no todos son apropiados de convertirse en conocimiento. Y es aquí donde la ciudad educadora adquiere sentido como portadora de estrategias de formación y de herramientas para analizar las oportunidades de aprendizaje, con el fin último de formar a ciudadanos responsables y críticos.

Para ser del todo conscientes de la infinidad de oportunidades que nos ofrece la ciudad, entorno educador, hemos de poner atención a las diferentes dimensiones de plantear este mismo concepto. Para comenzar, nosotros como ciudadanos podemos aprender en la ciudad ya que ésta está constituida por múltiples instituciones educativas junto a otros equipamientos y recursos (bibliotecas, museos, teatros, etc.). De esta manera, aprendemos en la ciudad porque ella misma es un entorno educativo que plantea espacios y experiencias educativas no planteadas pedagógicamente. Por otro lado, si entendemos la ciudad como un agente educador esto nos permite aprender de la ciudad. Concretamente, el entorno es generador de información y cultura ya que la red de relaciones humanas que se forman poseen un gran valor educativo y socializador. Y para acabar, no podemos olvidarnos de aprender la ciudad considerándola como contenido educativo ya que en ella nos formamos como ciudadanos. Esta última dimensión adquiere real importancia en cuanto a conocer nuestra ciudad, saber cómo utilizarla y por lo tanto participar en la vida de ésta.

Espero que con el artículo de la semana pasada y el de hoy reflexionemos sobre nuestro papel a la hora de valorar nuestro entorno como agente educativo, ya que una ciudad educadora tiene el objetivo de incidir positivamente en el proceso de desarrollo personal de todos y cada uno de los ciudadanos que la forman.  Todo esto nos ha de llevar a comprender la ciudad como un espacio en el que las relaciones interpersonales se convierten en relaciones de aprendizajes significativas. En definitiva, podemos concluir  diciendo que el trabajo de la escuela y el de la ciudad se complementan para satisfacer un mismo objetivo: formar a ciudadanos.



Saida